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Hace unos días pudimos disfrutar de una ponencia realmente magistral en nuestra Escuela de Padres. La responsable fue Sayako Antona, quien nos ofreció una perspectiva bastante esclarecedora sobre el funcionamiento del cerebro humano, especialmente en edades tempranas, y nos dio argumentos sólidos, científicos y racionales sobre las ventajas y beneficios de la educación desde el respeto. En este post os hablaremos de una parte de la sesión.

La charla comenzó con esta pregunta “¿qué es para ti una educación basada en el respeto?” A veces, tenemos vagas ideas sobre esta manera de educar. Otras veces, confundimos el respeto con la permisividad y cargamos a nuestros hijos con la responsabilidad de tomar unas decisiones que no les corresponden…

Pues bien, estas casuísticas tienen respuesta en el momento en que analizamos el funcionamiento del cerebro y entendemos que, de las tres partes que lo conforman, la primera, la que primero se forma en el vientre materno, es la que dirige los comportamientos del niño en su primer año de vida, principalmente, y su relación con otros, hasta los 5-6 años.

Ésta parte es la que se denomina cerebro reptiliano o instintivo, y es la que nos ha permitido sobrevivir como especie en el planeta. Es la que nos indica si algo es peligroso y debemos huir o luchar, es decir, a dar un NO ante una situación. Por el contrario, si algo es agradable, querremos acercarnos, estaremos en un SÍ. Los niños, los bebés especialmente, se mueven continuamente en estas dos emociones, positiva o negativa.

Entonces, es fácil comprender que cuando están en una rabieta, asustados, enojados… nos muestran una conducta de rechazo desde su cerebro reptiliano a un estímulo exterior, un NO. No quieren acercarse y “huyen” o se enfrentan a eso que les desagrada con llanto. De hecho, el uso del cerebro reptiliano no es exclusivo de los pequeños: dirige también, de manera inconsciente, el comportamiento adulto en los casos en los que nos encontramos en modo “supervivencia” (control/lucha, huida/evasión).

Pero lo que quizá no sabéis (nosotros no lo sabíamos hasta que Sayako nos lo contó) es que un cerebro reptiliano activa otro. ¿Qué quiere decir esto? Que ese NO de nuestro hijo hace que nuestro neocórtex, la capa del cerebro más “visible”, la que dirige nuestros comportamientos de manera consciente para, por ejemplo, saber gestionar y mantener el control, deje de conducir nuestro pensamiento y pasemos a actuar reactivamente desde nuestro cerebro reptiliano. Es como si se activara un resorte, un “clic” que nos hace pasar de un comportamiento razonable a una actitud “fuera de nuestras casillas”.

Y tal vez también os sorprenda que, igual que nuestro hijo genera esa reacción y activa nuestros instintos más primitivos, nosotros tenemos la misma capacidad de “pulsar su botón”, para llevarles tanto hacia el NO ¡como hacia el SÍ!

De esta manera, en el momento en que somos conscientes del modo en que se encuentra nuestro pequeño, de rechazo y NO, podemos ser capaces de evitar caer en el mismo estado, de mantenernos serenos, acogerles en su NO y ayudarles a salir de él a través de nuestra actitud tranquila, amorosa, cálida y sincera. Un cerebro reptiliano activo lo único que necesita para ir al SÍ es seguridad, y esto se consigue con esas actitudes. No siempre es sencillo mantener esa calma, pero contamos con un par de trucos muy fáciles que nos pueden ayudar: ¡contar hasta 10 y beber agua!

(*) Sayako Antona es Consultora en Neurociencias Aplicadas, Terapeuta Ocupacional Experta en Estimulación Neurosensorial Auditiva, Coach Certificada por ASESCO y Experta en Inteligencia Emocional y Formadora de Formadores. Si estáis interesados en contactar con Sayako, os dejamos su mail: msayako@sayakoantona.com

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