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En nuestra escuela Allegra cuidamos mucho la alimentación de los pequeños, pero no sólo como una necesidad nutricional, también nos interesa que conozcan, de manera sencilla, la elaboración de lo que comen, pues lo asimilan como algo más apetecible y descubren el proceso de preparación de la comida desde la propia experiencia. Además ¡ya sabéis cómo disfrutan al participar en ese momento creativo!

Cuando son tan pequeños, evidentemente, debemos elaborar recetas sencillas, que no requieran mucho tiempo, para que no se cansen demasiado y puedan completarlas. Una que hacemos en Allegra de manera recurrente (ya sabéis que las rutinas proporcionan seguridad) es nuestro propio pan.

Además de pasarlo muy bien, hacer pan tiene otras ventajas: con poco esfuerzo conseguimos un alimento de gran calidad, fomentamos la manipulación manual, que favorece el proceso de desarrollo neuronal de nuestros hijos, y nos permite observar cómo se encuentra el niño, pues no amasa con la misma energía un pequeño que ha dormido bien que uno que está triste, enfadado o malito; la bolita de masa que nos devuelve vendrá con diferente textura y temperatura, y esta información es muy útil cuando estamos en el aula.

Nuestra receta para un pan de 1,5 kg aproximadamente:

  • 1/2 kg de harina integral.
  • 1/2 kg de harina blanca.
  • Levadura de sobre o fresca.
  • Un litro de agua templada aprox.
  • 4 cucharitas de sal

Respecto a la harina, las de mejor calidad son las molidas en molino de piedra. En España, quedan pocos sitios donde se pueda encontrar; uno de los proveedores de Allegra es El Rincón del Segura, donde encontraremos gran variedad de harinas integrales y la clásica blanca, que confiere esponjosidad al pan.

Respecto a la levadura, os recomiendo la fresca; la encontramos en cubitos de 20 gr en los supermercados, en la zona de lácteos o de pastas para pizza, quiches…

Lo primero que haremos es disolver en un pequeño bol la levadura a temperatura ambiente con un poco de agua templada y esperamos unos minutos, que podemos aprovechar para mezclar la harina con la sal en un bol grande; a esto nos pueden ayudar los pequeños ¡les encanta participar! Después, añadimos en este bol grande la levadura que hemos disuelto y volvemos a mezclar.

Entonces, vamos echando poco a poco el resto del agua a nuestra mezcla mientras amasamos. Si nos quedamos cortos de agua, la masa se dividirá y si nos pasamos, será muy pegajosa; debemos encontrar un término medio. Los mayores podemos amasar primero hasta que adquiera cierta homogeneidad, que no esté ni muy seca ni muy húmeda.

A continuación, preparamos varias bolitas (en función de los niños que haya para repartir) y uno de nuestros hijos puede encargarse de repartirlas al resto para que vayan amasando un ratito. Entonces, nuestro ayudante recopila las bolitas y las unimos en una gran bola que terminamos de amasar. La metemos en un molde engrasado con un poquito de aceite y la dejamos reposar en un lugar sin corrientes, tapada con un paño de algodón. Cuando haya crecido, la amasamos otro poquito y la volvemos a dejar reposar hasta que vuelva a crecer; este proceso de reposado puede rondar 1 hora.

Mientras la masa reposa, llega el momento de recoger. En esta tarea pueden (y deben) participar nuestros hijos: guardar la harina, limpiar la mesa, barrer el suelo, fregar el bol… Aunque no lo dejen “como los chorros del oro”, es bueno para ellos, pues comprenden que ordenar el espacio de trabajo también forma parte de cada actividad.

Una vez la masa haya reposado, calentamos el horno a 200º, utilizando la parte superior e inferior. Cuando alcance la temperatura, metemos nuestro molde y horneamos unos 45 minutos. Es importante que no abramos la bandeja del horno, especialmente los primeros 20 minutos, para que el pan nos quede esponjoso.

Mientras realizamos nuestro pan, podemos cantar canciones que acompañan este momento en la cocina. En este post del blog “De mi casa al mundo” tenéis alguna para aprender. ¡Que aproveche! ?

 

 

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