La adaptación del niño a la escuela ¿o es la adaptación de los padres?

En nuestra escuela infantil Allegra hemos comenzado con energía renovada y muchas ganas de disfrutar de un nuevo curso con los pequeños. Durante el verano, que nos resulta ya tan lejano, vivimos de puertas hacia fuera, nos acostamos más tarde, comemos a diferentes horas… en resumen, nos saltamos nuestras rutinas habituales (¡y qué bien poder hacerlo de vez en cuando!).

Con la vuelta al cole, volvemos a establecer un ritmo diario en el niño, que le ayuda enormemente a la hora de entender y asimilar su nuevo contexto. Pero ¿en qué consiste exactamente? En lograr que los niños se sientan cada vez más cómodos, seguros y tranquilos en un entorno que no es su casa y con varios adultos que no son su familia, pero con quienes establecerán una relación intensa y cercana durante el año.

Durante la adaptación, se habitúan al ambiente, a los ritmos, a través de canciones que indican el tránsito de una actividad a otra, de unos lugares a otros: dónde se juega, dónde se come, dónde se hace pis, dónde se duerme… Todo esto, en un niño pequeño, conlleva un tiempo y, cuanto más calmado y respetuoso sea, mejor, pues evitamos vivencias traumáticas.

Y aunque solemos pensar que es algo propio del niño, en realidad, una buena adaptación depende de un trabajo interno de los padres, especialmente de la madre, al tratarse de edades tan tempranas.

Esto significa que somos los padres y madres los que debemos ser conscientes y consecuentes con las decisiones que atañen a nuestros hijos. Y su una de nuestras decisiones es llevarlos a una escuela infantil, es importante que manifestemos seguridad en nuestra decisión y que confiemos en las personas que forman parte del proyecto al que se incorporan los pequeños.

El niño no debe llevar el peso de decidir si va o no a la escuela, pero es algo que podemos trasladarle si no estamos seguros de nuestra decisión, si no confiamos en que las maestras están preparadas para acoger a nuestros hijos, en la capacidad de los niños para asimilar los cambios y adaptarse al entorno.

Por eso, es importante que, en el momento de la entrega, reciba seguridad y sosiego, tranquilidad y comprensión, pero sin perder la firmeza y el amor. Esa firmeza corresponde a los padres y, posteriormente, a las maestras. Cuando los niños son más mayores, podemos preparar el camino de la adaptación hablando con ellos sobre la vuelta al cole de manera sencilla, clara y directa, el (re)descubrir un nuevo sitio de juegos, el (re)encontrarse con sus amigos… Este diálogo también nos ayuda a los mayores a disminuir el estrés de la separación.

Evidentemente, nuestros hijos llorarán, refunfuñarán y se colgarán de nuestra pierna pidiendo que nos quedemos; este comportamiento es una reacción perfectamente normal, la expresión más sincera del sentimiento del niño y la manifestación de su yo frente a una situación que no le agrada.

En Allegra, sabemos que la adaptación depende de cada niño y de sus propias necesidades, por eso, vamos valorando cómo se encuentra consigo mismo y en su relación con el grupo; Y cuando va siendo posible, incorporamos las actividades que guiarán el día a día de la escuela y que tienen como objetivo ayudarle en su desarrollo físico y emocional, respetando su ritmo y sus necesidades.

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